Acompáñeme en un viaje en el tiempo, viajemos a la Viena de 1785. Es junio, y estás esperando para escuchar la última ópera La Grotta di Trofonio del compositor de corte Antonio Salieri, No solo eso, verás la prima donna del momento, la asombrosa Nancy Storace. La inglesa Anna Selina Storace estaba entonces en su edad dorada con 20 años, sería la primera Susanna en Le Nozze di Figaro de Mozart 1 año más tarde, y es que Nancy era una de las favoritas de Mozart.

El día del estreno se acerca y de repente recibes noticias de que la ópera ha sido pospuesta debido a que la cantante principal, Storace, ha caído enferma. Y es que perdió súbitamente la voz durante el estreno de Gli sposi malcontenti, de su hermano Stephan Storace, en el Burgtheater de Viena.

Tardaría cuatro largos meses en poder volver a cantar y ello obligó a posponer su Ofelia en la nueva ópera de Salieri, La grotta di Trofonio. La feliz noticia de su recuperación fue celebrada con una breve cantata titulada Per la ricuperata salute di Ofelia (“Para la recuperada salud de Ofelia”) en una colaboraron de los genios del momento: Mozart, Salieri, un tal “Cornetti” (un compositor desconocido a día de hoy, un seudónimo por estar en cursiva, pero quizá también el maestro de canto Alessandro Cornetti), con versos de Lorenzo da Ponte. Por cierto, finalmente Nancy Storace interpreta a Ofelia como así estaba previsto en octubre de ese mismo año.

La noticia sale en el periódico “Wienerblattchen” del 26 de Septiembre de 1785, pero esta pieza se pierde en el tiempo. Conocíamos de la existencia de esta cantata gracias a pistas como esa noticia, incluso figura en el catálogo mozartiano desde 1937 con la referencia K.477a, pero su música y texto estaban perdidos.

Hasta el pasado 10 de enero en el que Schwäbische Zeitung daba a conocer el hallazgo en Praga de un ejemplar del libreto y la partitura de una cantata conmemorativa para voz y acompañamiento compuesta por Mozart junto a Salieri sobre versos de Lorenzo da Ponte. La Fundación Mozarteum, de Salzburgo, la prestigiosa institución que promueve desde hace más de un siglo la investigación acerca de la vida y la obra del compositor salzburgués, acaba de dar carta de naturaleza a este revelador hallazgo.

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El compositor y musicólogo Timo Jouko Herrmann (Heidelberg, Alemania, 1978), especialista en Salieri, ha sido el responsable del hallazgo en la biblioteca del Museo checo de la música de Praga. Herrmann reconoce que ha sido fruto de la casualidad: “Tenía interés por consultar simplemente el catálogo de libretos de esa biblioteca por Internet para buscar obras de un discípulo de Salieri”. “Me alegré al descubrir el libreto de la cantata perdida, pero cuando me preguntaron si quería también la partitura impresa, no me lo podía creer”, añade. El referido texto de la cantata, que se inicia con el verso “Lascia la greggia, o Fillide”, contiene 30 estrofas y fue redactado por el famoso poeta de la corte imperial vienesa, Lorenzo da Ponte, libretista entre otras óperas de Le nozze di Figaro, Don Giovanni y Così fan tutte de Mozart. Da Ponte narra aquí la historia de los cuatro meses en que la Storace estuvo enferma, aunque emulando el estilo de la poesía bucólica italiana.

Además del libreto, el impresor de la corte imperial vienesa, Joseph von Kurzböck, añadió excepcionalmente unas páginas desplegables con la música de Mozart, Salieri y Cornetti. Se trata de una reducción en dos pentagramas para voz y acompañamiento, pues es probable que la obra estuviese originalmente escrita para soprano con varios instrumentos. Concretamente, la música de Mozart se limita a un Andante de 36 compases que se inicia con el verso “Quell’ agnelletto candido”.

A continuación puedes escuchar dicha cantata, interpretada por una soprano y acompañada con instrumentos históricos:

 

Una colaboración que parecía improbable

Que los protagonistas de esta colaboración sean Mozart y Salieri hace inevitable recordar la conocida obra teatral Amadeus, de Peter Shaffer, en la que la muerte de Mozart es causada por envenenamiento por un envidioso músico rival, Salieri. Este fue el punto de partida de esta obra en la que en 1984 el director Miloš Forman y el productor Saul Zaentz vieron un filón potencial con el que revalidar el éxito popular que habían conseguido con Alguien voló sobre el nido del cuco.

Miloš Forman participó activamente en la radical metamorfosis que experimentó el texto en su paso del escenario al plató y resulta significativo que tras la escena inicial (el supuesto intento de suicidio de Salieri, aún acosado décadas después por los remordimientos de haber asesinado a Mozart en 1791 y que es descubierto desangrándose por dos de sus criados que han oído sus gritos), el comienzo de la gran analepsis que es en última instancia Amadeus se produzca justamente en un manicomio, lugar de reclusión del anciano compositor en sus últimos días y escenario de su larga confesión a un sacerdote. Nada de esto sucedía en la obra de teatro original, en la que era el público quien era interpelado directamente por Salieri en sus monólogos, pero el éxito tiene un precio y exige una cintura flexible y pocos prejuicios.

Lo que había nacido como una parábola sobre la injusticia que supone la desigual distribución del genio entre los desdichados humanos, sobre los escasos dones de un probo y disciplinado compositor de corte en contraposición a los desmesurados de un jovencito anárquico y ciclotímico, acabó convirtiéndose en una suerte de biografía descafeinada, mentirosa y desordenada. Shaffer se cubrió las espaldas en The New York Times al afirmar que “Amadeus no es una biografía llevada a la pantalla, sino una fantasía sobre acontecimientos de la vida de Mozart”, pero eso no evitó que el mundo de la música pusiese el grito en el cielo.

Aunque la vida del salzburgués está documentadísima, gracias en buena medida a su prolífica correspondencia, no carece tampoco de zonas de sombra, especialmente concentradas en el último tramo de su vida. La inesperada y misteriosa muerte de Mozart ha suscitado gran interés desde el principio. En el acta de defunción oficial constaba que el compositor austriaco había fallecido a causa de una “fiebre miliar aguda”, refiriéndose a una erupción cutánea parecida a semillas de mijo. Una descripción que no basta para identificar la causa en la medicina moderna y que es demasiado amplia e inexacta, ya que no se llevó a cabo la autopsia debido al avanzado estado de descomposición en que se encontraba el cadáver.

Se han propuesto una multitud de teorías sobre la muerte del compositor, sin embargo, la versión más ampliamente aceptada es la muerte por una fiebre reumática aguda. Es conocido que tuvo tres o incluso cuatro ataques desde su infancia y esta enfermedad es recurrente, con consecuencias incrementalmente más serias en cada ataque, como una infección descontrolada o daño en las válvulas cardiacas.

Es bien sabido que compartieron escenario en Schönbrunn en 1786 durante los estrenos de Der Schauspieldirektor y Prima la musica e poi le parole, coincidieron después en Fráncfort en la coronación de Leopoldo II y asistieron juntos en 1791 a una función de Die Zauberflöte en Viena. El mito popular y romántico que retrata Amadeus surgió tardíamente en 1823, cuando un Salieri enfermo y demente confesó haber envenenado a Mozart.

La aparición de una composición conjunta de Mozart y Salieri demuestra una perfectamente plausible colaboración entre dos compositores activos en un espacio cercano y común, pero nada nos dice tampoco sobre una posible animadversión posterior. No podemos olvidar que Salieri sería profesor, entre otros, de nada menos que Beethoven, Schubert y Liszt, por más que su talento como compositor estuviera muy por debajo del de ellos. O del de Mozart, por supuesto. No hay duda de que uno y otro se trataron en la intimidad, pero tampoco esta pequeña cantata nos permitirá saber si, en su fuero interno, primaron el aprecio y el respeto mutuos o la envidia y el resentimiento. O cualesquiera combinaciones posibles.

En cualquier caso es un privilegio para el público poder disfrutar de una colaboración entre tal geniales artistas, por eso desde Road to art siempre os animamos a crear y a unir fuerzas con otros usuarios. Si quieres protagonizar una historia parecida, visítanos en Roadtoart.com y colabora con otros artistas para crear música, literatura o dibujos.

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