El novelista estadounidense Richard Ford ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016, al que optaban veintiuna candidaturas procedentes de dieciséis nacionalidades, entre las que figuraban su compatriota David Mamet y el autor portugués Antonio Lobo Antunes.

El Premio de las Letras, que el pasado año recayó en el cubano Leonardo Padura, está dotado con 50.000 euros y la reproducción de una escultura diseñada por Joan Miró. Este galardón se concede a aquellos “cuya labor de creación literaria represente una contribución relevante a la literatura universal”.

Ford es el único escritor que ha conseguido el premio Pulitzer y el Faulkner por la misma obra, “El día de la independencia” (1995), y toma así el relevo en los Premios Princesa de Asturias para la literatura norteamericana de Philip Roth, que obtuvo el galardón en la edición de 2012.

Según el fallo, “el cuidado detallismo en las descripciones, la mirada sombría y densa sobre la vida cotidiana de seres anónimos e invisibles, conjugan la desolación y la emoción de sus relatos”. “Todo ello convierte a Ford en un narrador profundamente contemporáneo y, al tiempo, en el gran cronista del mosaico de historias cruzadas que es la sociedad norteamericana”, en palabras del jurado, le convierte en uno de los novelistas más relevantes del siglo XX.

Definido, en su día, por Raymond Carver (1938-1988) como “el mejor escritor en activo de este país”, Richard Ford ha publicado seis novelas (“Un trozo de mi corazón”, “La última oportunidad”, “Incendios” y la saga protagonizada por Frank Bascombe: “El periodista deportivo”, “El Día de la Independencia”, “Acción de Gracias” y “Francamente, Frank”), tres libros de relatos (“Rock Springs”, “De mujeres con hombres” y “Pecados sin cuento”), y la hermosa obra memorialística “Mi madre”, publicado en España por la editorial Anagrama.

Vida

Nacido el 16 de febrero de 1944 en Jackson (Mississippi), Richard Ford fue el único hijo que tuvieron Parker y Edna Carrol Ford. Su padre, comercial de una empresa de Kansas, murió cuando él tenía 16 años, marcando su adolescencia y acercándole a su madre, que se convirtió en una figura referencial en toda su vida (y obra), como demostró en el mencionado libro de memorias “Mi madre”. A los 19 años, antes de matricularse en la universidad, trabajó como ayudante de maquinista en la Missouri Pacific Railroad.

Era disléxico y no muy buen estudiante, por lo que tenía que trabajar más duro que los demás. “No puedo hacer muchas cosas al mismo tiempo, puedo concentrarme en una sola”, reconocería. Pese a todo logró ingresar en la Universidad de Michigan para estudiar administración hotelera, aunque un año después se cambió a Literatura.

Ford no había leído prácticamente nada hasta los 18 años. Pero después se enamoró profundamente de la literatura y, ya decidido a convertirse en narrador, hizo una maestría de escritura creativa en la Universidad de California, Irvine, que terminó en 1970. Empezó a publicar relatos en Esquire y seis años más tarde salió su primera novela, “Un trozo de mi corazón”, que trata sobre dos perdedores desarraigados cuyos caminos se cruzan en una isla del río Misisipi, en 1981 le siguió “La última oportunidad”.

Tras graduarse en la Universidad de Michigan, impartió clases en la escuela secundaria de Flint (Michigan) y se alistó en los Marines. Ya en aquellos años, y pese a que estudió durante un tiempo Derecho, Richard Ford se sentía atraído por la literatura, gracias a figuras como Flannery O’Connor, William Faulkner y Eudora Welty, sus verdaderos referentes.

Trabajó como periodista deportivo hasta que su medio cerró y le rechazaron en Sports Illustrated, por lo que decidió retornar a la ficción y fue entonces cuando nació su personaje más conocido, Frank Bascome, protagonista de varias de sus novelas. Una de ellas es “El periodista deportivo”, publicada en 1986, es una novela sobre un escritor fracasado convertido en periodista deportivo que sufre una crisis espiritual debido a la muerte de su hijo. Esta obra supuso su consagración: la revista Time la eligió como una de las cinco mejores novelas de año (en 2005 fue seleccionada por la publicación entre las 100 mejores novelas desde 1923, año de la fundación del semanario) y, además, fue finalista del premio Premio Faulkner en 1987.

La segunda novela de la serie, “El día de la independencia” (1995) es un retrato desolado de una Norteamérica rural poco conocida y marcada por el paro y el desencanto, por la que obtuvo tanto el Premio Pulitzer como el Faulkner.

Influencias

Se ha querido ver en Frank Bascombre el álter ego del Ford y considerar que las historias que protagoniza son autobiográficas: como su autor, nació en Misisipi, es hijo único, se quedó huérfano de padre en la adolescencia, quiso ser escritor, trabajó de periodista deportivo… Sin embargo, Richard Ford ha reivindicado siempre su independencia.

En su retrato desolado de una Norteamérica rural poco conocida y marcada por el paro y el desencanto, Ford muestra a sectores marginados y pobres y, a menudo, a pequeños delincuentes como el que él mismo fue en su juventud. Ford, nacido en Mississipi, considera “inevitable” que en su obra aparezca la huella de William Faulkner, pero reniega del tópico de heredero de Ernest Hemingway, una etiqueta que, a su juicio, se cuelga “a todo americano que escriba historias”.

Aunque la crítica le ha situado en el denominado realismo sucio norteamericano junto a autores como Raymond Carver y Tobias Wolff, el autor de Pecados sin cuento (2002) siempre ha afirmado no comprender qué significa dicha clasificación que sólo consigue “limar y obviar las diferencias entre autores diferentes y entre la producción de un mismo escritor”.

Admirador de Donald Bartherlme, Robert Coover o William Gass, Richard Ford declara que le le interesa captar el instante de la crisis “en el que se cierra el pasado y la vida se abre hacia un futuro incierto”. Ha sido, además, profesor de escritura creativa en el Bowdoin College (2005) y en el Oscar Wilde Centre del Trinity College de Dublín (2008), y en 2011 asumió el cargo de profesor de ficción de la Universidad de Mississippi.

Obras más destacadas

El periodista deportivo (1990)
“Me llamó Frank Bascombe y soy periodista deportivo”. Con estas palabras presenta Richard Ford al que será su alter ego poco o nada disimulado , ese Frank Bascombe que le ha acompañado desde entonces y con el que el escritor estadounidense se ha convertido en retratista privilegiado de las zozobras de sus compatriotas y de las cuitas de una clase media cuya comodidad se va a menudo saboteada por e el desánimo, los dramas cotidianos o las tragedias inesperadas. En esta, la primera entrega de la serie dedicada a Bascombe y la que le consagró después de “Un trozo de mi corazón” y “La última oportunidad”, Ford presenta a un personaje que, con 38 años, apura la gloria de una brevísima carrera literaria y ejerce el periodismo deportivo mientras su vida de resquebraja entre su divorcio y la muerte de su hijo de nueve años. “Si escribir de deportes enseña algo es que, para que la vida valga la pena, tarde o temprano hay que enfrentarse a la posibilidad de sentir un terrible y doloroso arrepentimiento”, dice Ford por boca de Bascombe.

El Día de la Independencia (1996)
Segunda entrega de la serie Bascombe y nuevo cambio de rumbo en la peripecia vital del personaje más célebre de Ford: el periodista deportivo es ahora un acomodado vendedor de bienes inmuebles al que las fiestas de guardar, como ese 4 de julio que da título a la novela, se le atragantan con facilidad. Máxime cuando el protagonista vive instalado en una calma engañosa en la que parece que no sucede nada pero tras la que encuentran no pocas torbellinos emocionales y familiares. En este caso, es la relación con su hijo Paul, un adolescente de tendencias peculiares, la que marcará el tono de esta cumbre de lo que un día se llamó realismo sucio y que no es más que enfocar la realidad sin limpiar demasiado la lente. La novela le valió el Premio Pulitzer de 1995.

Flores en las grietas (2012)
Lejos de la ficción, aunque siempre mirándola con el rabillo del ojo, Ford se reivindica aquí en primera persona para reunir ensayos y reveladores textos en los que funde vida y escritura, creación y emoción, y ahonda tanto en episodios señalados de su propia vida -los recuerdos de infancia, la muerte de su padre- como en retratos de amigos como Raymond Carver, quien un día le señaló como “el mejor escritor en activo” de Estados Unidos. Un libro pensado especialmente para el mercado español -no existe edición en inglés- en el que Ford aprovecha también para desvelar su pasión por Chéjov, James Salter o Richard Yates, recuerda sus años como profesor y se interroga sobre el sentido de la escritura y, por extensión, sobre el sentido de la vida.

Canadá (2013)
Nueva pirueta estilística al margen de la saga Bascombe: después de la también celebrada “Acción de Gracias”, Ford cambia de escenario y de época para dar voz Dell Parsons, un adolescente que huye a Canadá después de que sus padres sea detenidos tras atracar un banco. Una detonación inicial con visos de novela negra que, sin embargo, cambia pronto de rumbo para convertirse en un magistral y escarpado retrato de iniciación y pérdida de la inocencia en el que florecen todos los temas que el estadounidense ha perseguido incansablemente en toda su carrera. A saber: la relación entre padres e hijos, el sobrepeso de las decisiones (buenas o malas) y el amor como estructura siempre al borde del colapso. Uno de los mejores ejemplares de Gran Novela Americana de los últimos tiempos.

Francamente, Frank (2015)
Cuando parecía que Bascombe había desaparecido del mapa literario y que “Acción de gracias” había sido su canto de cisne, “Francamente, Frank” volvió a ponerlo en circulación para seguir ahondando en la herida de la realidad estadounidense y alzar la voz con mayor acidez. Aquí encontramos a un Bascombe jubilado y desacomplejado que batalla con las achaques de la edad en cuatro relatos independientes conectados por los devastadores efectos que tuvo el huracán Sandy a su paso por Nueva Jersey en 2012. “Mi intención era escribir historias que fueran más allá de las consecuencias inmediatas del huracán, como una manera de decir que tenemos que prestar atención a nuestra realidad cotidiana, ya que es algo que nos afecta a todos. Sin las novelas no prestaríamos la misma atención a la vida”, recordaba Ford.

 

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